domingo, 14 de septiembre de 2008
Respuestas
Me pregunto hoy, y pienso: ¿tienen estas palabras rédito alguno? o, en un caso más directo y situacional, ¿cumplen la función que mis intenciones persiguen? ¿No pretendo acaso, con esto, enamorarla, acariciar su corazón con palabas, y, en lo menos pensado del cortejo, robarlo y hacerlo mío? ¿No sería más posible y lógico que esto no tuviera más que el triste destino de enamorarla, no de mí, sino de mis palabras, volviendo de esta forma, mis deseos y metas inalzanzables a mi condición humana?, puede ser. Es, en último caso, un riesgo a considerar. Pero, ¿no sería más noble el propósito de sólo enamorarla de la tinta derramada, y hacerla feliz de esa forma, siendo meramente objetivo en mi misión, teniendo en cuenta el concepto real del amor: dar, sin esperar recibir? ¿No sería este proceder necesario para pretender la decredibilidad de mi discurso? ¿No me harían, esas intenciones, el perfecto enamorado? Lamentablemente, para mi, es imposible el querer prescindir de su presencia, de ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario